martes, 4 de diciembre de 2012

Canonesas de armas tomar, mujeres con rasmia


- Que Dios nos dice que mejor os quedéis encerraditas en casa, que de puertas adentro se reza mejor.
- Que no.
- Que sí.
- Que no.
- Que sí.
- Que lo dicen en Trento.
- Que lo diga Rita.
- Que os excomulgamos.
- Que de aquí no nos mueve nadie.

Así se las gastaban allá por el siglo XVI las canonesas del Santo Sepulcro de Zaragoza, mujeres de armas tomar que se negaron a asumir el mandato de convertirse en una orden de clausura, tal como prescribió el Concilio de Trento. Una locura. Toda una irreverencia, estando como estaba la Santa Inquisición a la vuelta de la esquina, deseando quemar herejes y gentes de mal obedecer. Unas valientes, las tales canonesas.

Cabezonicas, te explican, cuando visitas el convento de clausura de la capital aragonesa, donde estas mujeres siguen hoy con su particular batalla con el mundo: conseguir con la oración lo que los demás destrozamos con la acción o la omisión. Mujeres con rasmia.
Lo cierto es que estas canonesas consiguieron su objetivo a medias. La jerarquía eclesiástica del momento se dio cuenta de que iba a ser difícil hacer carrera con ellas, así que planteó una solución en plan tahúr: toleró que la generación de religiosas que se resistió a la clausura -bajo el argumento de que no había forma de promover la oración si les encerraban entre cuatro celosías- siguiera teniendo derecho a puertas y ventanas abiertas. Ahora bien, las novicias que ingresaron de allí en adelante tuvieron asterisco en el contrato: si entraban, era para no volver a ver el mundo, más allá de lo que dejara entrever a duras penas un cruel enrejado de tablillas de madera. Y así hasta el Concilio Vaticano II. Tres siglos encerradas a cal y canto.
Flor de pocos años, aquella pequeña revolución de las canonesas. Pero un bonito ejemplo de que las convicciones propias pueden -y deben- sostenerse más allá de órdenes contrarias a nuestra conciencia y de las amenazas de hoguera. Muestra además de que hay que trabajar para mantener el terreno conquistado y de que vale más predicar con los hechos que con la palabrería que tan de moda está hoy.

Curioso, por cierto, hablando de mujeres que se han atrevido a derribar las celosías impuestas, que los 'ingenieros' de Trento, encabezados por el Papa Pío V, presentaran el tema de la clausura como una vía para 'reforzar' las órdenes religiosas femeninas. Lo plantearon tal que así: carta blanca para ingresar en los conventos -todo un logro para la mujer de la época, al parecer-; pero, eso sí, siempre que las religiosas post-concilio asumieran un régimen de clausura obligatorio. Caro precio por una supuesta conquista. Llamativo y milenario afán por el burka. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Una de visires

Mañana de reflexión sobre el valor de lo sencillo. Risto Mejide es trending topic en Twitter por un artículo que saca los colores a los partidos de la campaña electoral catalana por lo simple de sus eslóganes. No sé qué pensar. ¿Un publicista cuestionando el valor de su trabajo? ¿Y cuestionándolo además en Twitter, el imperio del regate corto en 140 caracteres?

Mientras pienso esto, me encuentro con esta historia de José Luis Sampedro, acérrimo enemigo de los embrollos númericos para explicar el por qué de la crisis económica. Para él, catedrático Estructura Económica, en la explicación más sencilla suele estar el 'quid' de la cuestión, más allá de la "pirotecnia teórica y estadística" con la que se tienden a envolver las medias verdades en esto de que cuadren las cuentas.


En definitiva, solo nos queda confiar en que los visires de nuestro mundo salgan del Gran Diván en el que se han encerrado y se den cuenta que buena parte del problema reside en cambiar un modelo de gestión en el que los números se han impuesto a la ética. Y si no salen, habrá que sacarlos.

Me quedo con la filosofía de algunos movimientos que están intentando levantar la cabeza en ese sentido, como el de la 'economía del bien común'. Un movimiento que 'simplemente' cree inconcebible -y considera incluso que debería ser prohibido por la ley- que en países como Alemania los altos ejecutivos lleguen a ganar 5.000 veces más que el salario mínimo legal.

Explicación diáfana de esta filosofía en la contraportada de 'La Vanguardia' de hace unos meses. Habla Christian Felber, que mide el éxito de una economía por su capacidad de generar un bien común, y no grupúsculos aislados de riqueza que, antes o después, conducen al sistema al colapso. "Cuanto más tengas, más difícil será adquirir más. Ha de haber un límite por arriba y por abajo a la desigualdad en los ingresos, la propiedad privada y el tamaño de las empresas", asegura.



Y de Sampedro y Felber a los abuelos sorianos que también se han convertido en trending topic esta semana hablando de las razones de una crisis económica que comenzó a gestarse cuando muchos ciudadanitos de a pie olvidamos (entre otras cosas porque a alguien le interesó inocularnos el virus de la amnesia) que, si ganábamos cinco, no podíamos gastar seis. Por cierto, un sentido #respect twittero por Moisés Ciriano, uno de los abuelos del vídeo, fallecido ayer.

Y solo me queda decir: viva lo 'simple'. Viva el sentido común.






sábado, 17 de noviembre de 2012

El miedo a que pensemos

El miedo a que la sociedad piense es viejo. Alcanzó su apogeo en los años negros de la Edad Media, tiempos de libros prohibidos y bibliotecas reservadas a elites y monjes, mientras se mantenía al pueblo en la dulce quietud del analfabetismo. La Ilustración abrió puertas. Quizá era imposible mantenerlas cerradas.

Con todo, persiste la resistencia a que pensemos, ahora bajo una nueva modalidad: el ninguneo de las masas. Vamos a la universidad, acumulamos carreras, disfrutamos de flamantes bibliotecas, de expresiones culturales de todo tipo y toda la información del mundo está a nuestro alcance a un solo click. Hay un entramado de estructuras expresamente concebidas para que nuestra voluntad se concrete en decisiones para el conjunto -sindicatos, partidos, parlamentos...-. Sin embargo, lo que predomina es un "dime qué quieres, te escucho, pero yo haré lo que me dé la gana". Ahora nos dejan pensar, hablar, pero no nos hacen caso. En contadas ocasiones se llega a ejecutar nuestra voluntad.

Pienso en esto tras leer el extracto de una carta fechada en 1608 en la que Gaspar Ruiz de Cortázar, entonces alcaide o gobernador de Pamplona, mostraba su resistencia a un proyecto de las Cortes para traer la Universidad a la ciudad. Triste comprobar que un mandatario equipare esta propuesta con un 'padrastro' para los intereses de la Corona, por el riesgo que representa que el pueblo empiece a pensar y decidir. La carta está incluida en el libro 'La ciudadela de Pamplona. Cinco siglos de vida de una fortaleza inexpugnable', del historiador Juan José Martinena Ruiz.








viernes, 16 de noviembre de 2012

Hablar por no callar


Contraportada de Diario de Navarra dedicada al concurso.

Acostumbrada a meterme en líos, el pasado mes de septiembre me apunté al concurso de la UPNA 'Tesis en tres minutos', una prueba oral que consistía en resumir en este tiempo el resultado de distintas investigaciones universitarias. Había tres categorías: tesis doctorales, proyectos de fin de carrera y trabajos de fin de máster. Yo me presenté por este último apartado. Me pareció un buen remate a mi experiencia como alumna del Máster Universitario de Formación de Profesorado de Educación Secundaria.

Ayer fue la final, en la que me sorprendió mucho -y para bien- el nivel de las exposiciones orales de los participantes por el apartado de tesis. Quizá fuera porque se jugaban más -tenían que justificar en tres minutos el resultado de muchos años de trabajo-. El caso es que los seis participantes de esta categoría dieron en el clavo de lo que había que hacer ayer: exposiciones amenas, en un lenguaje muy asequible para el gran público, interesantes, didácticas e incluso con toques de humor.

Genial el chico que utilizó la imagen del Ecce Homo de Borja para explicar su proyecto de tratamiento de imágenes. Genial también el ganador, Gabriel Davidov, con su ilustrativa charla sobre la microencapsulación de los antioxidantes de las uvas para comérnoslas en formato galleta, haciendo bueno el dicho de Hipócrates de que "la alimentación sea tu medicina". Muy lograda la exposición de Violeta Zorraquino sobre el comportamiento de la salmonela, una de las investigaciones más valiosas de todas las vistas ayer.

En el apartado de trabajos de fin de carrera, Jorge Piedrafita resultó justo ganador con su propuesta para llevar energía a las más de 1.800 millones de personas que viven hoy sin electricidad. En esta categoría, Alfonso Baquero aportó el mejor power point de la velada, con su propuesta de teleasistencia médica a través de dispositivos Android, pero fue una pena que se quedara tan corto en su explicación -terminó en minuto y medio, todo un Speedy González de la oralidad, que nos dejó con las ganas de más-.

Muy original y fresca la propuesta de 'guifi' libre de Asier Erramuzpe. Un transfondo ideológico interesante, aunque quizá irrealizable. Nos pierde la utopía, pero allá que vamos.

A muchos nos dio rabia que Mikel Ostiz Blanco arrancara su intervención leyendo. Mecachis!!! Su aplicación sobre música sin barreras era genial y su discurso muy logrado. ¿Por qué se aferró al papel, en esos primeros momentos, si un minuto después lo dejó a un lado y mostró tanta soltura? Ay... Los nervios, el cronómetro, el focazo que nos daba en la cara y apenas nos dejaba entrever las siluetas del público -la próxima vez, luces encendidas, please-... Qué se yo. Otro que seguramente se quedó a las puertas de ganar.

En mi apartado, me resultó muy interesante la investigación sobre la efectividad de la vacuna contra la gripe de Javier Urricelqui y el trabajo sobre sensores térmicos de Iván Martínez Baz, con aplicaciones flipantes en aviación, en la prevención de fugas en oleoductos o en la detección de posibles fracturas en puentes y otro tipo de infraestructuras. Ójala sus proyectos prosperen y cuenten con la financiación necesaria para seguir adelante, ambos dos.
 

Mi turno
En lo que a mí se refiere, me quedé muy contenta, sobre todo teniendo en cuenta que la oralidad no es mi fuerte. Me toco explicar mi proyecto para crear un blog cultural en las clases de Lengua y Literatura de un nivel de primero de Bachillerato. Algo muy al estilo de lo que hace Ignacio Aranguren en el Instituto Navarro Villoslada, en su caso en el ámbito del teatro, y en mi caso llevado al tema de la escritura. Un proyecto que haga que los estudiantes casi peleen por participar en él y con impacto en la sociedad, algo que no quede encerrado entre las cuatro paredes del aula.

El tema me apasiona y espero haber logrado trasmitirlo. Creo firmemente en la necesidad de imprimir un enfoque comunicativo a las clases de Lengua y Literatura, de generar productos reales (una exposición oral, un blog, un vídeo, una exposición, etc.) como forma de desarrollar habilidades lingüísticas REALES. Creo también en la obligación de usar el potencial de las nuevas tecnologías para enseñar esta materia.

El hecho de explicar todo esto en tres minutos fue un buen ejercicio para pulirme y mejorar. Nada mejor que exponerte a un público real para ver cómo funcionas, justo lo que defiendo para las clases de Lengua y Literatura.

Personalmente dudé mucho entre dos intervenciones, la que ya había hecho en la semifinal y otra que tenía en la recámara. Me decidí por repetir en el último momento. Mejor ir a lo seguro. Y creo que acerté. Mi segundo discurso era más abstracto y seguramente me habría costado más hacerme entender, aunque personalmente me gustaba un poco más que el primero. Pero mejor dejarse de romanticismos. Escuela norteamericana.

Y, en resumen, auguro un buen futuro al concurso. Nosotros hemos sido los primeros, y eso se nota. Quizá nos hemos pasado de teatrales y hemos estado un pelín más nerviosos que los concursantes del futuro. Probablemente más envarados de la cuenta. Pero mejorará, seguro. Porque si algo bueno ha tenido esta prueba es que hemos aprendido mucho del 'contrario' e incluso hemos tenido una buena oportunidad de mejora, en el tránsito de la semifinal a la final. Así que, felicidades a todos y hasta el año que viene.

Contadores de historias (anexo I Hablar por no callar)

Asegura Gabriel García Márquez que "el mundo se divide en dos grupos de personas: los que saben contar historias y los que no saben". Fíjense que el Premio Nobel de Literatura no habla de un mundo dividido entre quienes saben ortografía y quienes no. O entre quienes saben decir de carrerilla las obras de referencia de los grandes autores de la Literatura Universal, aunque no hayan leído ninguna, y quienes no.

Nada de eso. Lo que marca la diferencia es esa capacidad de construir historias y trasmitirlas: de hablar y escribir, en definitiva. Sin embargo, en las clases de Lengua y Literatura de nuestras aulas de Secundaria sigue cotizando mucho el conocimiento más formal y erudito, y esto de contar historias está más arrinconado. En algunos casos, hay que reconocerlo, porque los profesores no dan abasto -se aconseja un cupo de menos de 60 alumnos por docente para hacer actividades de escritura y oralidad 'dignas, y eso hoy en día es bastante irreal en nuestras aulas. Pero en otros casos, lo que es más grave, porque parece que esto de escribir no fuera materia educativa. Y sin embargo, hay un potencial de formación humana y lingüística importantísimo.

Solo piensen un momento en las personas que más agradable le hacen la vida. Apuesto a que son grandes contadores de historias: su abuela, ese amigo que cuenta las anécdotas como nadie, su escritora preferida, ese profesor que les cautivaba en los años de universidad... Y apuesto también a que son personas de éxito, en el sentido más profundo del término.

Dicho esto, me atrevo a asegurar: nada que nos amueble mejor la cabeza y que nos ayude a conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás que saber construir y trasmitir una buena historia.

Y cuando digo historia me da igual hablar de una anécdota, un relato de ficción, una resolución judicial o un trabajo de genética. Escribir o relatar cualquier tipo de texto nos exige múltiples habilidades: observar, escuchar, concretar, ordenar, reordenar, rectificar, exponernos al ojo ajeno...

Una maquinaria compleja y difícil de poner en marcha, pero muy enriquecedora. Y yo, como aspirante a profesora de Lengua y Literatura, he querido meter de lleno esta maquinaria en mis clases.

Quiero que mis alumnos aprendan lengua haciendo cosas lengua. No limitándose a diseccionarla desde el punto de vista teórico, sino manipulándola, para mejorar cuatro habilidades básicas para evolucionar como personas y ciudadanos: la de escuchar, la de hablar, la de leer y la de escribir.

Para mi trabajo de fin de máster, encontré una herramienta que considero idónea para poner en juego todas estas habilidades: la puesta en marcha de un blog cultural. Mi proyecto se dirige a alumnos de 1º de Bachillerato. Estudiantes de 16-17 años a las que planteo un proyecto de tres meses dividido en siete talleres que incluyen:

  • Un ciclo de debates, que nos ayudará a madurar opiniones colectivamente
  • Un ciclo de exposiciones orales
  • Talleres en los que aprenderemos a hacer artículos de opinión, entrevistas, campañas publicitarias...
  • Un pequeño taller de creación literaria, en el que compondremos haikus y relatos breves

Y cada actividad, como ven, va generando una sección de nuestro blog.
A nivel pedagógico, las claves del proyecto son cuatro:
  • El trabajo en equipo
  • El aprendizaje entre iguales: el profesor va a ceder protagonismo. Por ejemplo, en muchas ocasiones se corregirán unos a otros, sin necesidad de intervención docente. (20 alumnos por clase, cupo total no superior a 60) 
  • El trabajo inductivo que realizamos para llegar a la teoría. Porque vamos a llegar a la teoría, sí, pero desde el camino inverso a lo que es habitual: la práctica pura y dura.
  • Y, por último, el hecho de generar un producto comunicativo real, que van a poder leer los amigos y familiares de los alumnos, lo que esperamos que redoble su motivación

Cambio de chip (anexo II Hablar por no callar)

Buenas tardes. Yo me voy a atrever con un tema de letras y que tiene mucho que ver con lo que estamos haciendo hoy aquí. Siento comenzar mi intervención con una mala noticia. Lamento comunicarles que si ahora mismo los que estamos aquí nos sometiéramos a un sencillo examen de Selectividad, casi ninguno, por no decir nadie, lo aprobaría. Y lo que es más grave, tampoco lo aprobarían a estas alturas la mayor parte de los estudiantes que pasaron esta prueba en junio.

Apenas han pasado cinco meses y buena parte del conocimiento acumulado durante toda la etapa de Secundaria se ha esfumado. Algo preocupante que nos lleva a preguntarnos: ¿Qué aprenden nuestros alumnos y alumnas durante la Secundaria? ¿Adquieren conocimientos significativos y la madurez que se espera de ellos? ¿O más bien estamos anclados en conocimientos de tipo memorístico y repetitivo que predominaban hace 50 años? Porque ya no aprendemos los afluentes del Tajo y el Guadiana de memoria, pero casi.

Es uno de los temas que más nos preocuparon y ocuparon el curso pasado, durante la realización del Máster de Formación de Profesorado de Educación Secundaria. ¿Qué enseñamos y cómo, ahora que los docentes debemos hacer frente a la dura competencia de la sociedad del espectáculo?

Quienes cursamos la especialidad de Lengua y Literatura, tuvimos muy claro desde el principio que nuestras propuestas docentes deben centrarse en el saber hacer de los alumnos, en que potencien las habilidades lingüísticas que necesitan para manejarse en sociedad con solvencia. Siguiendo esta filosofía, como trabajo de fin de master propuse la creación de un blog cultural, una herramienta que considero ideal para poner en juego todas estas habilidades.

Mi proyecto gira en torno a siete talleres de dos semanas de duración cada uno. Tres meses de trabajo para un nivel de 1º de Bachiller que incluyen:


  • Un ciclo de debates que nos ayudarán a madurar opiniones en un formato dialéctico, colectivo
  • Un ciclo de exposiciones orales.
  • Talleres para aprender a hacer entrevistas, artículos de opinión, campañas publicitarias...
  • Y un taller de creación en el que hacemos haikus y relatos breves...


En el camino hay lecturas, charlas con escritores, salidas culturales... Y cada taller, como ven, genera una sección.

Vamos a trabajar la Lengua y la Literatura, pero también los valores y el sentido crítico de estos jóvenes. Vamos además a aprovechar todo lo que les gusta como trampolín para lograr que le encuentren el encanto y la utilidad a esto de escribir y apreciar la cultura. Véase sagas tipo Crepúsculo y Juego de Tronos, el último hit de reaggeton o su manera de expresarse en las redes sociales. Sin censuras ni reticencias.

¿Las claves pedagógicas de mi propuesta?
Uno: el trabajo en equipo.
Dos: el aprendizaje entre iguales. Porque muchas veces los propios alumnos se van a corregir entre ellos, para aprovechar el potencial que tienen este tipo de prácticas.
Tres: el trabajo inductivo. Vamos a recorrer el camino inverso a lo que es habitual en la asignatura. Vamos a llegar a lo normativo, a la toería, pero desde la práctica pura y dura. 
Y cuatro: el hecho de generar un producto comunicativo real, un blog que van a poder leer los amigos y el entorno más cercano de los alumnos, lo que espero que redoble su motivación.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Serrano y Aute, conjunción astral




YA VES

Ya ves, a veces me canso de ser hombre y también
me agota escuchar que todo va bien,
y ver tristes hombres mirando al sur,
y no existir si no me miras tú.
Ya ves, a veces me canso de perderte y saber
que estamos solos y no va a volver
Guevara para darme la razón
de no verte tendida en mi colchón.
 
Y mientras tanto,
estrépito de andamios,
pateras y naufragios,
desvelan nuestro sueño.

Y mientras tanto,
si hoy se cae La Habana,
¿el día de mañana
quién será nuestro dueño?
 
Así yo canto para recordar
que sigues a mi lado,
que aún sueñas despierta porque así
vencemos el cansancio.

Así yo canto para recordar
que aún seguimos vivos,
si no ves más allá de tu horizonte
estaremos perdidos.
 
Ya ves, a veces me canso de ser libre, de ser
libre para venderme y caer
muerto donde mi libertad prefiera,
siempre al otro lado de tu frontera.
 
Ya ves, a veces me canso de mí y de no tener
valor para buscarte y cometer
todo delito que este amor exija.
"Quieta ahí, tus labios o la vida".
 
Y mientras tanto,
estrépito de andamios,
pateras y naufragios,
desvelan nuestro sueño.

Y mientras tanto,
si arde Lacandona
si Marcos abandona,
¿quién será nuestro dueño?
 
Así yo canto para recordar
que sigues a mi lado,
que aún sueñas despierta porque así
vencemos el cansancio.

Así yo canto para recordar
que aún seguimos vivos,
si no ves más allá de tu horizonte
estaremos perdidos.




letra lyrics acordes vídeo audio single extra
Disco:
Los paraísos desiertos
Estreno: octubre de 1997
Letra: Ismael Serrano
Música: Ismael Serrano

sábado, 3 de noviembre de 2012

Poderosa Beltrán





Mujer de mirada asustadiza, como el chico del que escribió una vez. Insondable a ratos. Carnal, casi siempre. Con una voz única que hace retumbar pabellones y garitos. Fuerte. Quebradiza. Nuestra Janis Joplin de algo más que andar por casa (bastante más). Poderosa Afrodita del siglo XXI que canta al amor, a la muerte, al tiempo, al silencio azul. Poderosa Beltrán.



Le siglo la pista desde niña, a intervalos. La recuerdo en la cumbre de la fama con Tahúres Zurdos, dando guerra por todo el territorio nacional con sus temazos de los primeros tiempos. Hoy ya no sale en los 40 principales y los Tahúres pasaron a mejor vida, pero ella sigue regalándonos acústicos y autenticidad con Eva Rada. El último, la semana pasada en una casa de cultura de Pamplona. Un placer escuchar algunos de sus clásicos, como si el tiempo no hubiera pasado.

Un placer también las colaboraciones con otros músicos que nos viene regalando en los últimos años. Sigue esculpiendo notas para nosotros, poderosa Beltrán. Que siga tu fiesta. Y salud.



jueves, 1 de noviembre de 2012

No lo entenderás si no vas más despacio



No deja de llover ahí fuera. Buena tarde para revisitar 'Smoke' y adentrarme en el verano de 1990 que retrata la película de Wayne Wang, escrita por Paul Auster y estrenada en 1995. Una delicia asomarse a las historias 'corrientes' de una Nueva York corriente, todavía con las Torres Gemelas y su viejo tren elevado en marcha (todo un icono urbano que, como toda reliquia estadounidense, tiene una asociación de amigos dedicada a preservar su memoria).

 Lo que 'Smoke' subraya es precisamente lo extraordinario de los pequeños y grandes acontecimientos que pueblan ese día a día en apariencia corriente. Ese humo intangible que se escapa por encima de nuestras cabezas mientras vivimos. El tiempo.

Consciente de ello, Auggie (Harvey Keitel) ha asumido como si le fuera la vida en ello la responsabilidad de realizar día a día la crónica de su pequeño lugar en el mundo. Y así es como lleva acumuladas más de 4.000 fotos de la esquina donde se encuentra su negocio, un estanco en el que confluyen los protagonistas de la película. Así se lo explica a Paul Benjamin, un escritor que vive horas bajas tras publicar varios libros de éxito. Un diálogo de esos que merece la pena anotar en la libreta.

*******



Auggie (Harvey Keitel): No lo entenderás si no vas más despacio.
Paul Benjamin (William Hurt): ¿Qué quieres decir?
Auggie: Que vas muy deprisa, casi no miras las fotos.
Paul: Pero si todas son iguales.
Auggie: Todas son iguales, pero cada una es distinta de las otras. Tienes días nublados y días con sol. Tienes luz de verano y luz de otoño. Tienes días laborables y días festivos. Tienes gente con abrigo y botas de agua. Y tienes gente con camiseta y pantalón corto. A veces la misma gente, a veces otra diferente. A veces las personas diferentes se convierten en las mismas. Y las mismas, desaparecen. La tierra gira alrededor del sol y cada día su luz ilumina la tierra desde un ángulo distinto
Paul: Despacio, ¿no?
Auggie: Es lo que recomiendo. Así es como es. Mañana, mañana, mañana. El tiempo mantiene su ritmo.
*******


 
La amistad, el tiempo, la convivencia en sociedad, el valor de las mentiras piadosas, la necesidad de consuelo, de risas y secretos compartidos... Grandes temas los que tratan Wang y Auster en esta película que me ha encantado volver a ver.

Relevadora la manera que tiene la cinta de demostrar cómo esos pactos de no agresión y café para todos que son muchas veces las leyes que ponen orden en nuestras junglas urbanas -esas que supuestamente están pensadas para garantizar nuestra sacrosanta seguridad- empequeñecen hasta lo ridículo, pierden su sentido cuando lo que está en juego es un bien superior a esa seguridad que dicen proteger ante todo y sobre todo.

Hay alguna que otra curiosidad también, como la premonitoria referencia a Sadam Hussein, en una de las conversaciones que surgen entre la clientela del estanco de Auggie:
 
"- Os aseguro que va a haber otra guerra.
- ¡Está loco!
- Como no encuentren un enemigo pronto, los del Pentágono se quedarán sin trabajo. Ahí tienen a ese tal Sadam. Es perfecto. Ya veréis cómo le atacan con todo lo que tengan. Ya me lo diréis. "
 
Cuando se estrenó la película, en 1995, la Guerra del Golfo que invadió nuestras pantallas con imágenes de bombardeos nocturnos en negro y verde entre el verano 1990 y febrero de 1991 ya era toro pasado. Lo que entonces no sabíamos es que el 30 de julio de 2006 todo el mundo vería por televisión la ejecución de Hussein, tras ser condenado a la horca por el Alto Tribunal Penal iraquí.
 
Sólo una pincelada más, aún a riesgo de ganarme el abucheo por spoiler. Me encanta cómo la película une amistad y literatura, cómo muestra como un impulso íntimo y una necesidad de sentirnos acompañados nuestra necesidad de contar historias.
 
"- Auggie: Joder, si no puedes compartir un secreto con un amigo, ¿que clase de amigo eres?
- Paul Benjamin: Exacto. La vida no valdría la pena, ¿verdad?".

Es el diálogo que cierra el telón, tras la preciosa historia de Navidad que Auggie cede generosamente a Paul Benjamin, para que pueda tener a tiempo su entrega para el New York Times. Para quien quiera escucharla, aquí está.



 
 

 


martes, 23 de octubre de 2012

Ecografía literaria



‘Escribir es vivir’ (Areté, 2005) es lo más parecido a una autobiografía que dice haber publicado José Luis Sampedro, exceptuando su obra literaria, que precisamente reivindica en estas páginas como fruto indisociable de sus vivencias e inquietudes.

La obra recoge el contenido de un ciclo de conferencias sobre creación literaria que el autor ofreció en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo durante el verano de 2003, cuando atravesaba un crudo momento personal. Aquellos encuentros con un público entregado fueron una tabla de salvación para él y su mujer, según se puede palpar en cada una de las páginas pacientemente transcritas y recuperadas para el papel por su compañera Olga Lucas.

“Vengo esencialmente a dos cosas. Una de ellas es la misma que me mueve a escribir: la de descubrirme a mí mismo para descubrir a otros y para encontrarnos todos, para vivir más”, comenzó diciendo Sampedro. El primer puñado de sabias y prometedoras intenciones.

Leer este libro permite confirmar el acierto del profundo humanismo en el que vive instalado el autor y lo mucho que nos estamos alejando de él en este siglo XXI plagado de abstracciones, ordenadores, números, estadísticas y relaciones virtuales. Para Sampedro, el hombre y la mujer son la medida de todo, en armonía con la naturaleza de la que son fruto.
Credo personal de José Luis Sampedro

De ahí que recomiende sospechar de cualquier jerga económica o entelequia construida para explicar lo inexplicable desde un punto de vista humanístico –véase, que haya personas muriendo de hambre mientras otras coleccionan Ferraris o que la población civil de países remotos se vea envuelta en guerras para garantizar que podamos llenar nuestro depósito de gasolina o comprar un anillo de diamantes a la persona amada, por poner dos ejemplos-.

Sampedro describe la creación literaria como un oficio dedicado a “adentrarse más adentro en la espesura”, tomando prestado el verso de San Juan de la Cruz. Para el autor, un escritor debe poner en juego su intimidad, sus ideas políticas, su historia personal y la de sus ancestros, su educación, su bagaje cultural…

“Escribir es ser minero de uno mismo, hacerse arqueólogo, profundizar en uno”, resume. La autenticidad es la única garantía de éxito real ante el lector.

Recomienda –para escribir y para vivir y relacionarse- concentrarse en ‘iluminar’, más que en deslumbrar. Reivindica la sencillez, el tú a tú, el contacto de piel con piel, frente a los fuegos artificiales, los flashes y focos que ciegan nuestra vista.

Sobre la importancia del compromiso, Sampedro aporta una anécdota de sus años como profesor universitario que resulta muy ilustrativa. Recuerda una situación en la que un colega suyo se negó a aportar su firma para apoyar a un alumno expulsado, bajo el argumento de que ‘no quería figurar’ en ninguna lista. Eran tiempos de Franco, donde muchos que después dijeron haber corrido a diario delante de los grises lo único que intentaban era pasar desapercibidos. El estudiante de Económicas que demandaba el apoyo, muy serio, esgrimió la teoría de conjuntos para rebatir al profesor: “Eso que dice es imposible, porque si no firma estará en la lista de los que no quieren firmar listas”.

“Siempre está uno comprometido –asegura Sampedro-; si se compromete porque se compromete y, si no, porque no se compromete”.

Inevitable que surja en estas páginas su vena de catedrático de Estructura Económica –catedrático del sentido común, diría yo-, que le lleva a desmentir con vehemencia ideas tan repetidas como la de que el mercado es garantía básica de libertad. “A quienes sostienen eso les digo: ‘Vaya usted al mercado sin un céntimo y verá dónde está su libertad de elección’”, ironiza.

Admite la necesidad de que exista un mercado, pero rechaza el salto al vacío que se dio desde que se evolucionó desde una ‘economía de mercado’ a una ‘sociedad de mercado’, en la que “sólo se valora lo que tiene precio en el mercado, cualquiera que sea su valor en otros terrenos”. “No soy enemigo del mercado, soy enemigo de que se mercantilice toda la vida humana”, zanja,

Como educador, me quedo con su reivindicación de una pedagogía del “amor y la provocación”. Un método que él mismo utiliza con evidentes muestras de éxito. Sampedro echa de menos un sistema educativo más comprometido con los valores y las relaciones y menos centrado en la competitividad y la formación de nuevos soldados que alimenten y sostengan la sociedad de consumo.

“De las aulas salen más consumidores y productores que vividores, más súbditos que ciudadanos. Esa es una de las razones de la pasividad de la gente ante las cosas que ocurren. No se nos educa para ser ciudadanos, se nos enseña a gastar, a consumir”, lamenta.

Como colofón de esta “ecografía literaria” que asegura hacer en estas páginas, Sampedro comparte su particular credo personal. Una declaración de intenciones (incluida junto a estas líneas) a la que queda poco más que decir que Amén.

sábado, 20 de octubre de 2012

Rey zulú

Y entonces llegó él, con su sombrero, su traje de corte inglés, su amigo Joan Vinyals  y su trapito verde del todo a cien para limpiar el sudor de las cuerdas. Y nos dejó encantados con su jazz, su swing, sus sones, su rock, su punch, sus ladridos de Juan Perro y su increíble sentido del humor y la vida. Una mezcla de alto voltaje que nos dejó con las ganas.  

Santiago Auserón estuvo impecable en el Gayarre de Pamplona. Sudó la gota gorda durante dos horas de guitarreo en una noche húmeda, extraña, en este inicio de otoño en el que el viento sur mezclado con lluvia nos está dejando más de un dolor de cabeza. Él nos quitó la jaqueca de ayer. No cedió a los nostálgicos: siguió la hoja de ruta de su 'Casa en el aire' sin caer en el populismo del repertorio a la carta. Lo suyo no son los himnos generacionales, dijo.

Como la locomotora que dejó patitiesos a los habitantes de su añorado oriente cubano a comienzos del siglo XX, tiró pa'alante. Su creación progresa y las vías no le dan margen para dar marcha atrás. Se centró en temas de su nuevo disco ('Río negro'), canciones inéditas y algún clásico (pero los que él quiso, ni uno más).
Encandiló, este Juan Perro que dice llamarse así no sabe si por inspiración del toma y daca de Cipión y Berganza en 'El coloquio de los perros' de Cervantes, por aquel can-filósofo de Kafka que andaba buscando "las cosas del cielo y las cosas del suelo" en el cuento 'Investigaciones de un perro' o por un momento de broma etílica con un amigo.

Nos llevó de la mano por Cuba, Nueva Orleans, Nápoles, Londres, París, su Zaragoza natal y hasta el espacio, embarcando al personal por derecho propio en la nave de Richard Branson (y ahorrándonos los 200.000 euros que cuesta el billete para rodear el mundo en 45 minutos). Hizo reír y pensar. Compartió su amor-odio hacia las ciudades de acero y hormigón que nos sobrevivirán, su pasión por la música y su saber acumulado a sus ya casi 60 tacos. Crudo y profundamente ligero. Atómico. Para repetir, cuando él quiera.

miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Por qué hablas gallego?



Kolik jazyků znáš, tolikrát jsi člověkem.

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You live a new life for every new language you speak. If you know olny one language, you live only once

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Vives una nueva vida por cada nueva lengua que hablas. Si sólo conoces una, solo vives una vez (proverbio checo)



martes, 2 de octubre de 2012

No coffee, thanks











 

Minuto 28:27 de la entrevista de Iñaki Gabilondo a Jordi Évole en Canal +:

Évole: Yo creo que ahora nos encontramos con entrevistados que van más con el freno de mano, que ya no se lanzan a la piscina como antes, que ya van con unos ciertos reparos. Entonces ahí nosotros tenemos que saber capear esa situación. Hasta ahora, pues no se nos conocía tanto y tú podías incluso sorprender al invitado con un tono, con una pregunta. Ahora ya no. Ahora ya se nos conoce demasiado y, bueno, habrá que optar por otra vía. Yo creo que una de las vías por la que no debemos optar nunca es por la del compadreo. No debemos estar muy cerca de nuestros invitados, no debemos estar muy cerca del poder, porque eso te acaba ablandando. Yo, por ejemplo, yo a ti Iñaki no te podría hacer nunca entrevista dura, ni tengo necesidad de hacerla por ser quien eres...
 

Gabilondo: No, no no... Hay bastantes cosas escritas sobre la distancia en el tema del periodismo. Es muy importante.
 

Évole: Pues para mí eso es básico. Y ahora corremos un poco el riesgo de decir, hostia, ¿por qué no venís, que hacemos un acto, por qué no...? No, no, no... Nosotros a actos... Recuerdo por ejemplo la entrevista que le hicimos a Jaume Matas. Jaume Matas quería antes de la entrevista que quedásemos con él a tomar un café. Y yo le dije, mire señor Matas, yo cafés me tomo con mis amigos. Y, aparte, si yo voy a tomarme con usted un café, yo hago televisión, y yo con un café no puedo enseñar nada. Necesito una cámara y demás. Y él al principio se negó un poco a la estrategia de sin hablar antes, que hablásemos ya con las cámaras presentes. Y al final cedió. Pues eso. Aplicar esa máxima con todo el mundo. No tener ese compadreo que podría hacer alegrarnos de lo que somos.
 
 
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¡VIVA! ¡ALELUYA! Estas palabras de Évole me reconcilian con mi manera de entender el periodismo, tras muchos años viendo cómo gran parte de mis superiores vinculaban el buen hacer de la profesión precisamente con la capacidad de conseguir tomar un café con el político de turno, bajo el argumento de que era la única forma de lograr una notica. ¿Cuántas veces hemos oído esa matraca?

Y ahí te veías, con 23, 25 o 28 años, sintiéndote culpable porque no te apetecía en absoluto tomarte un café con un tipo que te duplicaba la edad y que, o bien te trataba de manera condescendiente y despótica (con el teléfono de tus jefes siempre a mano, por si te portabas mal) o (en el mejor y más extravagante de los casos) te hacía la pelota y te adulaba torpemente para generar una relación de falsa cercanía, que te impidiera tratarle 'mal' en tus artículos.

Tú sólo querías preguntar y escribir, investigar, descubrir, sin someterte al puro juego de teatro e intereses creados que se establece cuando un periodista toma un café con un político (y quien dice un café, dice una opípara comida, una copa o un viaje pagado a cuenta del partido o de los presupuestos del medio de comunicación de turno, que por muy raquítico que tenga el apartado laboral siempre reserva una partida para estas cosas).
 
Durante los once años que he ejercido como periodista he huido de esos dichosos cafés como de la peste, pero me pregunto, todavía hoy: ¿Es necesaria esa falsa cercanía con las fuentes políticas? ¿Es ética?  ¿Dónde acaba la cordialidad y empieza el compadreo insano, la pura corrupción de baja o alta escala?

Desde luego, conozco ejemplos de grandes asuntos informativos sacados a la luz gracias a que el periodista ha trabado relaciones de este tipo con sus fuentes. Pero, ¿el fin justifica los medios?

Creo que, al menos en el ámbito del periodismo político, no demasiado, al menos tal como funciona ahora mismo la política. Hago extensiva la afirmación al área de la información cultural, repleta de connivencias que muchas veces apestan. Excluyo otros ámbitos, como las informaciones de carácter social, en las que es innegable que un conocimiento estrecho de las fuentes enriquece sobremanera la información y, normalmente, no implica manejos turbios.

Pero, centrémonos en la política. En este campo, el periodista que intenta hacerse 'amigo' del político sólo consigue lo que a alguien le interesa que consiga y, además, pone en marcha un rodaje perverso. Se presta a la carrera de traiciones y al reparto de favores en el que tiende a convertirse la política cuando cae en malas manos. Y todo con una finalidad que, desde mi punto de vista, en poco o nada beneficia al público final del producto informativo. En última instancia, el periodista acaba contribuyendo al gran engaño de los partidos. Lo retrata a la perfección la película 'Los idus de marzo', dirigida y protagonizada George Clooney.

Sería inocente por mi parte negar que el mundo de las intrigas cortesanas siempre ha existido y, supongo, seguirá existiendo. Con todo, considero que la función del periodista es pringarse lo menos posible en ese tipo de tejemanejes.

Pero, ay, ¿es posible? Muy a mi pesar, lo dudo mucho. Semana tras semana me dejan atónita los testimonios que logra Jordi Évole, presumiendo además de no realizar lo que en la jerga llamamos trabajo 'de cocina'. Cargos o ex cargos políticos que se prestan a hablar con él, aún sabiendo que difícilmente saldrán bien en la foto. ¿Puede ser cierto? Quiero creer que sí, pero lo dudo.

Creo a Évole cuando asegura rehuir de los cafés previos a la entrevista, pero supongo que alguien más arriba, en su productora o en su cadena, hace esa parte del trabajo. Como periodista de batalla le honra, sin embargo, luchar por la política anti-coffee. Le deseo suerte para poder seguir manteniéndola.
 

martes, 25 de septiembre de 2012

Big dreams

Es una mañana soleada, mediado septiembre. Acabo de salir entre maravillada y 'shockeada' de ese gran monumento al expolio que es el British Museum. La visita me ha dejado un sabor agridulce. Estoy casi en éxtasis tras haber accedido a un compendio asombroso de los tesoros generados por las grandes civilizaciones y pueblos de la historia. Egipto, Persia, Grecia, Roma, Oriente, algo de África (más arrinconado), del Islam, de las culturas americanas precolombinas... Ha sido un paseo increíble. Pero no puedo evitar pensar: ¿cuánto dolor hay detrás de todo lo que he visto? Sin duda, más de lo que me permite ver el estado de casi ciega admiración en el que entramos los occidentalitos de a pie cuando nos vamos de turné arqueológico-artística. 

Hay dolor tras las efigies que adornaron pirámides construidas sobre el sudor y las lágrimas de miles de esclavos. Hay dolor en las riquezas que atesoraron los notables de cada época mientras su pueblo moría de hambre y enfermedad. Hay dolor en las piezas creadas por el artista mozambiqueño Cristovao Canhavato (Kester) con los restos de los casi siete millones de armas que entraron en los momentos más duros de las guerras civiles africanas.

Por eso me impacta especialmente el grafiti que encuentro, casi por casualidad al salir del British Museum, en un callejón lleno de basura (uno de los pocos sitios sucios que he visto en mi visita a este Londres olímpico, que al parecer ha pasado por un intenso proceso de chapa y pintura para someterse a la prueba del algodón de las fuerzas vivas del mundo este verano). La pintada es escueta. Apenas unas letras, una niña, dos colores, en un lugar del que muchos pasarán de largo sin percatarse del mensaje que un artista anónimo (¿quizá Blansky?) ha querido dejar en este rincón. Qué grande y ambicioso en su sencillez. 

Me reconcilio en ese momento con lo pequeño, con lo modesto. Con esas bases y esencias que tantas veces olvidamos, arrastrados por esa tendencia a admirar lo faraónico y a idolatrar el canon de obras de arte e ideas plausibles que nos meten en el disco duro desde niños. Decido apostar por los grandes sueños a los que se refiere el grafiti. Mis sueños y no los prestados o heredados, aceptados sin ningún tipo de criba previa personal. Y en esas estamos.  

Un santo 'sí' al juego de crear


Seis kilos de divertimento. Así. Medido al peso. No me ha importado cargar (y casi jugarme la vida en bicicleta) con un par de libros de Chema Madoz para disfrutar tranquilamente en casa de las fotografías del definido por Duane Michals como "el hijo nonato de Borges".

Soy fan incondicional de la imaginación asombrosa de este hombre. De sus divertimentos en blanco y negro, a veces profundos, insondables, repletos de significados, otras veces juegos puramente estéticos, donde cada cual puede decidir ir más allá o disfrutar, simplemento, de lo (mucho) que se ve ya solo en la superficie.

Me atraen especialmente los ejercicios que realiza con los libros, las letras, sus juegos de palabras, sus guiños más gramaticales... También las imágenes en las que aborda el tema de la naturaleza, como esa piedra-monedero que para mí es la forma que tiene Madoz de recordar dónde está la verdadera riqueza de este mundo.

 Me gusta la manera en que define María Rubio la forma de crear de Madoz. Cita a Nietzsche en 'Así habló Zaratrusta' (1892): "Inocencia es el niño, y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que se mueve por sí misma, un primer movimiento, un santo decir sí. Sí, hermanos míos, para el juego de crear se precisa un santo decir sí: el espíritu quiere ahora su voluntad, el retirado del mundo conquista ahora su mundo".

Casi no puedo elegir entre mis imágenes favoritas de Madoz. Aquí dejo una selección, apenas un aperitivo de su obra.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Un señor ácrata

En estos días en los que se celebra la 60 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, me apetece recordar el emocionante saludo ácrata con el que Fernando Fernán Gómez se despidió tras recibir en 1999 el Premio Donostia. Un gesto con el que parecía abrazar a todo el que mirara. Descarnadamente utópico.

Habló -como hablaba- con tono y estilo aristócrata. Elegante. Sobrio. Aterrado quizá al ver desfilar en la pantalla toda su vida y sentirse en su ocaso físico.

Una frase del maestro de provincias que interpretó en la despiadada película 'La lengua de las mariposas': "El odio, la crueldad, ese es el infierno. A veces el infierno somos nosotros mismos".



jueves, 6 de septiembre de 2012

La ganga del día en el Viejo Reino

Nos los quitan de las manos...

Un borrador de la historia

Ahora que el periodismo va a ser más afición que profesión para mí, recuerdo un libro que me regalaron y luego perdí, con algunas las grandes verdades de andar por casa de esta bendita ocupación.

Recuerdo lo mucho que me reí de cómo los autores ironizaban sobre las mil y una veces que aprendimos en la facultad aquel esquema de emisor-receptor-canal-mensaje-ruido, con el que los profesores intentaban elevar a ciencia una profesión que poco o nada tiene que ver con los cuadros sinópticos.

Como digo, perdí el libro y no es fácil localizarlo, pero tengo dos apuntes de aquella lectura.

"¿Quién diablos lee el segundo párrafo?" (página 270)
"Si no carburo en un día como estos mejor lo dejo -pensó, mientras se acomodaba frente a su ordenador para, como dijo alguien, escribir un borrador de la Historia, pues eso es lo que en justicia ofrecía a diario la prensa de todo el mundo. O, al menos, eso es lo que debía ofrecer a sus lectores". (página 242)

Y aquí van dos enlaces sobre la cosa:
Chat con los autores
Luces y sombras del periodismo actual.

El espíritu de la escalera

Con permiso del autor (metafórico, porque no tengo el gusto de conocerle), me permito reproducir la intervención de Harkaitz Cano el 6 de agosto DE 2012 en el homenaje a Joxe Mari Korta. El acto fue un oasis de belleza en medio de un verano arisco y cambiante. No quería que quedara perdido. Me tomo la confianza de difundirlo literalmente y de paso proclamar: Ari, ari, ari, Harkaitz lehendakari (con perdón, por lo que le toca).


EL ESPÍRITU DE LA ESCALERA, por Harkaitz Cano (6 de agosto de 20109

"No tuve la suerte de conocer a Joxe Mari Korta, pero resulta inevitable al observar sus imágenes, leer su biografía, escuchar las palabras de la gente que lo conoció o las suyas propias, que era una persona de una energía inusitada, un emprendedor de raza, un hacedor diría yo. Y aunque no estoy en absoluto de acuerdo con la ingeniosa y a la vez incierta frase que afirma que "el que sabe hace, el que no sabe enseña, el que no sabe enseñar enseña a los que enseñan, y en el que no sabe enseñar a los que enseñan se mete en política" -como digo, no estoy de acuerdo, hoy tengo a los políticos demasiado cerca-, aunque no estoy de acuerdo con esta máxima, sí encuentro una admirable honestidad en la primera parte de la afirmación: el que sabe, hace. Incluso el que no sabe hace y aprende a hacerlo y después lo hace también merece una especial admiración. Aquel que hace sin queja, sin burla con esfuerzo, eligiendo un camino, ahondando en él. A veces las cosas son tan sencillas como eso.


En esta línea de hacer bien las cosas, Italo Calvino cuando volvió la vista atrás, hacia sus textos de juventud, encontraba especialmente enojosa la falta de concreción de sus propias palabras. Le desesperaba la brecha que existía entre lo que creía haber dicho y lo que al cabo de los años se dio cuenta que de veras dijo. Creía que el escritor se debía siempre a la palabra exacta. Joseph Brodsky llevaba a un punto aún más extremo la importancia de la expresión certera. Decía Brodsky en 'Del dolor y la razón': lo que me inquieta es el hecho de que el hombre con problemas para expresarse de forma adecuada recurre siempre a la acción, y como el vocabulario de acción se limita por así decirlo a su cuerpo, se ve obligado a actuar violentamente, a ampliar su vocabulario mediante un arma, cuando debería utilizar un adjetivo.

Somos humanos y la palabra exacta se hace esperar demasiadas veces. La frase brillante, que hubiera dejado admirados a los invitados siempre se nos ocurre al abandonar la fiesta, mientras descendemos las escaleras. Los franceses llaman a esto 'el espíritu de la escalera'. La palabra justa que llega demasiado tarde.

Yo diría que vivimos en una exagerada distorsión en la que lo que se dice, las palabras que se expresan, están a menudo muy lejos del sentido real de lo que uno desea expresar, lo cual es bastante frustrante para alguien de nuestro oficio. Sé que vivimos una época de crisis pero creo que urge en la administración la creación de un nuevo departamento, uno más -no sé si en la Unesco existe-. El departamento que yo propongo es el departamento de Restauración de Significados.

Seamos serios: democracia, normalidad... Resulta difícil pronunciar algunas palabras sin sonrojo. Hay que restaurar significados. Vladimir Nabokov pedía a sus alumnos que acariciaran los detalles. Acariciar los detalles. Porque si Dios existe, viviría en un detalle. Me atrevería a decir que este consejo destinado a escritores principiantes, es también válido para cualquier oficio y circunstancia. Acariciar los detalles. Y cuando los ánimos están caldeados y la sociedad dividida, es el rigor del detalle, la cansina y poco agradecida a menudo generosidad de matizar, lo que se nos hurta. Quien matiza puede no ser cómodo para sus interlocutores, pero es generoso. Generoso con todos, menos consigo mismo quizá, pues matizar continuamente implica grandes pérdidas de energía.

No sé si a ustedes les pasará, pero habiendo nacido en el País Vasco uno se encuentra muchas veces, por sorpresa, defendiendo una postura que no es la suya exactamente. No porque sea hipócrita o esquizofrénico, sino porque le irrita la brocha gorda mediática, por lo que siente que en el foro en el que se encuentra en ese momento su misión es esa: representar al ausente, ejercer de asterisco a pie de página, equilibrar la balanza, sembrar la duda en aquel que parece estar demasiado seguro de sus ideas. Militar en el "sí, pero", vacunarse contra lo categórico.

Me da que es parte -como se dice ahora- de nuestro capital humano haber desarrollado esta capacidad de barrer como un radar el entorno en el que nos encontramos en cada momento para detectar hostilidades enraizadas en prejuicios y tratar de neutralizarlas, modulando nuestras opiniones dependiendo de lo que hemos captado en el radar. Es un tipo de inteligencia emocional, si quieren, que va más allá del mero hecho camaleónico de la supervivencia. En el esfuerzo de hacer pedagogía se busca expresar las ideas de los que no están o en cualquier caso expresar mis ideas con el coeficiente corrector de los ausentes. Este ejercicio nos convierte en pequeños rodamientos que contribuyen al viraje. Nos permite convertirnos en el que dice "depende", en el que dice "no lo sé", en el que repregunta al interlocutor. Y nos ayuda incluso con el tiempo a expresar mejor lo que de veras pensamos.

Se trata prácticamente un ejercicio ficcionalizador, un ejercicio de narrador de relatos que desea llevar a buen puerto a sus personajes. Aunque en el fondo sabe que casi nada está en sus manos.

Frente a quien atiza, hay que defender a quien matiza. Frente el atizador, el matizador. Palabra que por cierto la Real Academia no admite, pero que no desmerecería como oficio en cualquier tarjeta de visita. Porque el matiz es un hilo de sutura, y no estaría mal -digo yo- especializarnos en un país que exporta, además de otras cosas, matizadores. Matizar cansa, pero es necesario. Matizar trae gasto de energía, pero es necesario. Imprescindible, diría yo.

Y tratándose de energía, esa energía que sin duda Joxe Mari Korta tenía, habrá que cuantificar alguna vez toda esa energía que ha sido arrebatada por eso que se ha venido llamando 'conflicto' o 'cosa' o 'criptonita' o como ustedes deseen llamarla. Habrá que cuantificar esa energía y empezar a dirigirla hacia otras direcciones, siempre y cuando la criptonita vasca no haya sido una especie de macabra excusa para nuestra falta de talento creativo. En nuestras manos está demostrar que no es así.

Gabriel Aresti en su poema más conocido y discutido se mostraba dispuesto a "defender la casa del padre", "nire aitaren etxea defendituko dut". Juan Kruz Iberabide revisando el poema de Aresti hablaba de la casa del padre como "ese edificio hipotético", añadiendo además que su padre vive de alquiler. Yo personalmente, en la misma línea que Iberabide, pienso que nuestra casa es una "casa tomada", en el sentido de aquel relato de Julio Cortázar en el que unos hermanos que viven en la casa de sus bisabuelos van cerrando herméticamente todas las habitaciones, porque una presencia incierta va tomando la casa, y no pueden volver a las estancias tomadas. Irene, uno de los hermanos protagonistas del libro, se dedica a tejer, y un día tejiendo se da cuenta de que esa presencia incierta ha tomado la estancia en la que se encuentra la madeja y no puede seguir tejiendo. Ha de abandonarlo todo. Los dos protagonistas del libro acaban cerrando la puerta con llave y tirando la llave al alcantarillado, no vaya a ser que alguien entre con toda la casa tomada.

Bien. Esta casa tomada es quizá la que ahora hemos de abandonar, bajando las escaleras, para que en ellas se nos acabe ocurriendo eso que en la fiesta no se nos ha ocurrido. La frase certera, aunque sea demasiado tarde".

lunes, 3 de septiembre de 2012

Gijón, otoño de 2011


Chinaski versus Caulfield


Ya antes de leer 'La senda del perdedor', me soprendía cómo la crítica occidental (o, al menos, la que yo conozco) proclamaba 'El guardián entre el centeno' como la gran novela sobre las penurias adolescentes del siglo XX. Pero, después de leer el descarnado autorretrato de juventud que realiza Bukowski me queda claro lo descafeinada (casi pija, si se me permite) que es la novela de J. D. Salinger.

Bukowski arrasa con sus palabras. Casi sentimos palpitar al protagonista de la novela y deseamos leer todo lo que devoraba en la biblioteca de su barrio para huir del mundo hostil que le rodea. Salinger deja más a la imaginación del lector, con un personaje más blando, insustancial, en comparación con el Henry Chinaski de Bukowski. Las comparaciones son odiosas.

Después de leer a Bukowski, apenas se entienden las penurias del adolescente de Salinger. ¿De qué podía quejarse Holden Caulfield, maldita sea?

Sospecho que la razón de que una novela haya primado sobre otra es que 'El guardián' se puede incluir sin problemas en las programaciones educativas de Secundaria -sacudimos la autoconciencia del adolescente, pero no mucho: al final el hijo pródigo vuelve a casa-; mientras que la segunda puede generar algún problemilla más -sobre todo, si el adolescente de turno se apasiona y decide sumergirse en el resto de la obra de Bukowski, asomándose al desencanto y la capacidad de autodestrucción del ser humano, lo que puede traer bastantes problemas en las reuniones con padres-.

En cualquier caso, una gran novela pendiente es una que haga coincidir los destinos de Chinaski y Caulfield. Me encantaría. Ya casi puedo imaginarla.

Chicle pegajoso

"Parpadeo y le miro con los ojos muy abiertos: Christian, mi mentor sexual. Él sabe mucho más que yo de todo esto. Yo nunca estaré a la altura. Frunzo ligeramente el ceño. De hecho, sabe más que yo de casi todo... excepto de cocina".

Superado el ecuador de la trilogía "de la que todo el mundo habla", desisto. Demasiado para mí. Incluso como ejercicio de lectura en inglés (decidí leerla en versión original para que me cundiera lo de sumergirme en un best seller que prometía más bien poco).

Supongo que las asociaciones feministas han optado sabiamente por no criticar las novelas de E.L. James para no darles todavía más publicidad. Pero habría mucha tela que cortar, lo aseguro. Estas páginas son un activo tóxico más de nuestros días, tanto para hombres como para mujeres.

Nada que salvar, ni de continente, ni de contenido. Sorprendente la capacidad de estirar como un chicle esta historia de ciencia-ficción. Si Flaubert y Tolstoi levantaran la cabeza...

viernes, 31 de agosto de 2012

Dormir, tal vez soñar

"Sueña cuando acaba el día. Sueña y tus sueños podrían hacerse realidad. Las cosas nunca son tan malas como parecen. Así que sueña, sueña, sueña". Johnny Mercer (de 'Dream', canción popular de los años 40).

Vista la cita musical con la que comienza la novela 'Pastoral americana', me resultó sorprendente la pesimista lectura que realiza Roth de la familia: ese búnker envuelto en un velo de apariencias en el que casi todo el mundo (todavía) se tiende a refugiar, asumiendo cierta deriva hacia la mediocridad a cambio de cierta sensación de protección y paz, aunque sea un falsa.

Qué pocos renunciamos a las incoherencias. Qué sangrantes resultan nuestros autoengaños, el remordimiento por las mentiras que construimos para sobrevivir, que nos asaltan casi siempre de noche, al acostarnos. De eso habla Roth, a través de un tipo llamado Seymour Irving Levov, alias El Sueco.   

Lo que tiene el libro de desolador (o de cruda realidad, según como se mire) se compensa con la cita que precede a toda la historia. Hay que soñar para sobrellevar todo esto.